Terrazas donde el mar de oleaje lunar es el requiem para tu partida, habitan las penínsulas de coral que se mecen en la oquedad. Subiré un día de blanco sol-vientre-sol el péndulo y el talismán hacia la cueva de un dragón que te vigila. Quemaré sus alas de estalactita y secaré el fuego de sus entrañas. Entonces penetraré difuso en la niebla tersa de su nido, reptaré por las paredes de azufre que como esmalte ceniciento me devora la coloración habitual, e iré en ascención hacia tu encuentro, enigma en la noche holística.
Tus manos suspendidas en la atmósfera de tu luz danzan entre gorriones de agua. Te veo y no lo creo (aunque de creer no tratan estas cosas) porque en las praderas de tu pecho quiero descansar a la sombra de tu pelo negro hasta que la eternidad nos devore o nos vomite o nos traslade en el tiempo sobre el tiempo mas allá del tiempo sin tiempo.. o tal vez despertarme para mirar a través de tu blancura de cielo abierto y recordar que estoy vivo y hay que festejar, festejar con las manos alzadas y la boca bien abierta, y la sonrisa despierta y el alma divagando en su plenitud perenne; por eso trepé mas allá de las terrazas y enfrenté al dragón que te vigila y al vencerlo vagué por su cueva y al hallarte el festejo no cesa de transcurrir en la luminosidad de nuestros días.
sábado, 5 de abril de 2008
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1 comentario:
Amote!!!
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