viernes, 4 de abril de 2008

Antinomia cartesiana

Peligrosa puerta, sin candado, invita a pasar. Del otro lado susurros cortan el aire. Me voy perfeccionando en las andanzas sin progreso, en las desventuras de callejones sin salida, en las encrucijadas diabólicas donde urge un desprevenido. Desprevenido dos pasos oigo en mi andar.
El tigre se relame en su ocio de rey solitario. El palacete en la soledad de su destierro (entierro de almas ausentes-presentes que cantan aullando desde la no eternidad) le impregna a su semblante la luminosidad de unos tercos ojos de mercurio, espesos en la espesa noche negra. No velan guardianes por él (él es su propio guardián, y ya no queda nadie de quien protegerse) ni aniquila el tiempo inventando enemigos.
Mi proximidad es tóxica, la garra afila el poste desde donde me agazapa tras sus ojos. No hay temor sin temblor, pero en vano, ya soy una hoja que se desprende sobre el viento que acaricia. Correr, trepar o gritar, mutilaciones de mis lamentos sobre lo irremediable. El rey-tigre-mercurio triangula mi posición sobre su tierra. Como un cosmos encendido donde renace y muere el fenix a cada oscilación o pestaneo del gran ojo-padre-sol, avanza sobre mi semblante que rígido yace sobre sus pies, raices repentinas en la tierra envenenada. La blanda piel que me recubre se amortaja con el transito de la daga-garra justo cuando el gallo canta y me sueño en la mañana siguiente o la anterior o la otra entre sabanas humedas que palidecen las preocupaciones diarias.
Soñarme o despertarme es estar del otro lado de una puerta que ya se cerró y se abre con cada estallido del sol, bramar de su furia indescifrable.

1 comentario:

Nuntius dijo...

Un sueño curioso ¿tal vez?, ¿ó acaso el hombre que renace de si mismo atravezando las umbrales que se dibujan en el decidir de cada día? ¿O un sueño freudiano con gran carga incociente, una especie de epifanía del subterfugio?

Tendremos que esperar a la versión en DVD con comentarios del autor...